Mis jodidos lectores, sé que algunos de vosotros os estaréis preguntando porque no hemos actualizado todavía ninguna entrada. Las razones son sencillas y llanas. Las fiestas navideñas han tenido efectos secundarios en algunos de nosotros, y nos hemos puesto enfermos. Espero que podáis aceptar nuestras disculpas.
No obstante, no todo lo ocurrido la semana pasada fueron malas noticias. Desde este viernes empezaréis a leer entradas de un nuevo redactor. No lo presento, porque seguramente quiera hacerlo él mismo, pero espero que lo acojáis tan bien como a nosotros. Dicho esto pasemos a hablar del tema de hoy.
No obstante, no todo lo ocurrido la semana pasada fueron malas noticias. Desde este viernes empezaréis a leer entradas de un nuevo redactor. No lo presento, porque seguramente quiera hacerlo él mismo, pero espero que lo acojáis tan bien como a nosotros. Dicho esto pasemos a hablar del tema de hoy.
Dentro del cine siempre ha existido el debate de las malas adaptaciones. Ya sean de libros o videojuegos, el fan medio de la anterior suele quedar bastante decepcionado. Jamás cumplen las expectativas, y cargan duramente por no asemejarse a lo que ellos consideran una obra maestra de la literatura, o el videojuego. Claro que uno no se plantea como es a la inversa, como es adaptar una película a un libro, o a un videojuego. Por experiencia personal sé que el resultado suele ser tan decepcionante como una relación de 2 años sin coito. Muy posiblemente el problema se halle en que la mayoría de veces se enfoca del mismo modo que el original, cuando la experiencia de leer un libro, jugar a un videojuego o ver una película son totalmente distintas. De ahí que suelan cargarse las adaptaciones, porque se adapta buscando conseguir las mismas sensaciones que con el original, cuando el cine, los videojuegos, o la literatura utilizan sus propios métodos para seducirnos. Por ello, como no podía ser de otra forma, hoy os voy a traer un claro ejemplo de como destrozar una adaptación del cine al videojuego. Espero que os guste.

